En Sintonía

noviembre 30, 2016

Nosotros no podemos cambiar nuestro pasado pero si la manera de verlo, de sentirlo y más si este pasado nos incomoda, nos condiciona, nuestro presente y por lo tanto afecta a nuestro futuro. Dice Agustin Andrade que nuestra historia pasada, es sólo una historia, y no está ahora en la realidad física. Sólo puede permanecer en los pensamientos, emociones y el cuerpo, si le damos lugar en la mente, embarrando la experiencia del presente. Empecemos por tomar consciencia de que nuestras acciones del pasado no condicionan quien somos ahora. Cada experiencia en la vida nos llevo a donde estamos ahora, cada paso fue necesario para este momento.

Pocas veces recordamos los hechos tal cual sucedieron, porque la memoria tiende a recrear de manera subjetiva y reinterpretarlos de acuerdo a nuestra manera de pensar y creencias. Por lo tanto nos aleja doblemente de la realidad.

Cuando me doy cuenta que estoy pensando en alguna situación del pasado y los pensamientos que tengo sobre ese momento no se sienten bien en mi mente y cuerpo me pregunto ¿Con qué estoy en conflicto? ¿Realmente sucedió así? ¿Quién es el enemigo?

¿Qué estoy haciendo yo con esto que sucedió? ¿Hasta cuándo seguiré con esto? ¿Estoy dispuesto a soltar esta historia?

Nuestra vida es como una película con muchas escenas, y en esa película hay miles de actores, que encarnan diferentes personajes, que entran y salen de escena. Algunos participan de gran cantidad de escenas en el tiempo, y otros tienen roles más fugaces. La tarea está en aceptar al elenco tal y como es, diciendo sí a la presencia de todos y cada uno con lo que vienen a mostrarnos en las vivencias que compartimos, y entonces pasar al próximo acto. Más aún con nuestros padres que son los seres a través de los cuales llegamos al mundo; a ellos les merece nuestro más sentido respeto y honra, ya que en nuestro inconsciente representan fuerzas de vida.

En la vida, inicios y finales van de la mano, siempre que algo termina, algo comienza, y para que algo nuevo comience, también algo debe llegar a su final; si alguien se va, alguien nuevo llega. Pensar en el pasado, atrae y recrea el pasado, centrarnos en el presente renueva la mirada, libera al futuro y así tocamos las cuerdas de nuevos potenciales.

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