¿Por qué no Haces lo que Dices que Quieres Hacer?

febrero 22, 2016

¿Por qué no Haces lo que Dices que Quieres Hacer?
¿Por qué no haces lo que dices que quieres hacer? ¿Por qué te propones algo y no lo llevas a cabo? Lo primero que se te puede venir a la mente es: “porque no tengo voluntad, soy un vag@” o “porque no me motiva mucho”, “porque no lo intento lo suficiente”, etc.
Es cierto que la voluntad y la motivación son importantes para ponerte en marcha y conseguir tus objetivos, pero también es cierto que son poco fiables, no puedes estar motivad@ todos los días de tu vida a todas horas. Hay momentos de bajón y entonces es cuando bajas la guardia y abandonas. Por eso, aunque es importante tenerlos en cuenta, hace falta un factor imprescindible: tener buenos hábitos. ¿Por qué? Porque son acciones que haces automáticamente, aunque estés desmotivad@, cansad@ o estresad@. Si, automáticamente, en cuanto te levantas haces la cama, ya ni lo piensas, lo haces y punto. O si te lavas los dientes después de cada comida y siempre vas al trabajo por el mismo camino, no te supone esfuerzo ni necesitas voluntad o motivación, estás acostumbrad@, es automático. Pues eso es en lo que en realidad hay que trabajar, en hacer de lo que quieres un hábito.
Pero claro, eso no es fácil en absoluto. En primer lugar porque decidir qué quieres hacer algo no es suficiente, a tu parte racional le puede parecer lógico y factible, pero tu parte irracional no está por la labor. Llevas años sentado cómodamente en el sofá y ahora porque de repente lo has decidido ¿vas a correr una maratón? No es tan fácil. ¿Por qué? Porque la parte racional que toma la decisión no es la que controla tus hábitos, y por tanto, la cosa se complica. Por eso no eres capaz de conseguir algunos de tus objetivos, porque por mucho que racionalmente quieras hacer más ejercicio, dormir más o lo que sea, tus hábitos actuales son más fuertes. Y, aunque a corto o mediano plazo puedes “obligarte” a hacer cambios, a largo plazo es más difícil. En consecuencia abandonas lo que te has propuesto.
Esta es una de las razones por las que proponerte objetivos SMART (realistas, específicos, medibles, importantes y con un rango de tiempo) ayuda mucho. Sin embargo, a veces hasta esta estrategia no es suficiente y te encuentras con tus objetivos bien planteados y sin hacer avances, incluso aunque empezaras motivad@. ¿Te ha pasado alguna vez? Probablemente sí, son esos objetivos que a todos se nos resisten, pero ¿por qué?
Algunos objetivos se nos resisten porque, en realidad, requieren más de lo que parece. Más tiempo, más energía, más pasos. Por ejemplo, a lo mejor te has planteado hacer más ejercicio a partir de ahora. Tres días a la semana harás 30 minutos de ejercicio, no es excesivo, sabes que para ti es realista y de verdad quieres ponerte en forma ya. Sólo que no lo haces y empiezas a sentirte mal porque tendrías que esforzarte más, etc. Pero en realidad no es que tengas que esforzarte más o que seas un/a vag@, sino que no lo haces porque no es tan fácil, no es hacer 30 minutos de ejercicio y ya está. Es ponerte ropa de deporte y ducharte cuando acabes, ir al gimnasio o buscar un vídeo de ejercicios y decidir que días, etc. Hay muchos pasos y acciones implícitos que no te habías parado a considerar y que son los responsables de que sigas sin hacer nada.
Piénsalo, ¿cuántas de las cosas que has pospuesto en realidad requerían más acciones de las que habías tenido en cuenta? La solución entonces es hacerte las cosas más fáciles, que requieran menos tiempo o esfuerzo. Y al contrario, si hay algo que quieres evitar hazlo más difícil (de ahí, lo de no tener chocolate en casa o tenerlo en un sitio de difícil acceso) Así que ya sabes, si quieres hacer algo conviértelo en un hábito y para ello, ¡póntelo fácil!
Una reflexión sobre las cosas que clasificas de difícil sin haberlo probado. ¿cómo sabes que es difícil si no lo has probado?

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